PATRIARCADO – MATRIARCADO
POR HUGO BILSKY
Por lo general se considera a la violencia contra la mujer, contra lo femenino en todas sus manifestaciones sólo como un tema de Género. Hace siglos que sabemos de la asimetría, de la violencia, del uso y de la denigración que el hombre y la Sociedad Patriarcal viene ejerciendo sobre la mujer. No hay dudas de que esto ocurre, y que estuvo naturalizado durante milenios, sostenido por diferentes religiones, por relaciones económicas, estructuras familiares, creencias y mandatos. Hasta que la lucha de las mujeres por salir de esta injusta opresión e inequidad, logró comenzar a desnaturalizar, hacer visible esta opresión, a conseguir logros muy importantes, pero aún insuficientes.
Mucho se ha hablado de la injusta Sociedad Patriarcal, se la ha interpretado principalmente como la opresión, la posesión y objetivación del hombre sobre la mujer. Creo que esta mirada que, si bien es cierta, nos lleva a que nos centremos sólo en esta relación antagónica, ocultando y limitando la posibilidad de una mirada más amplia. Sin dudas en los últimos años, y con la visualización de este sistema, antes incuestionado, una parte de la Humanidad ha podido tomar más conciencia de esta situación. Pero existen aún muchos países y culturas en que la mujer continúa ubicada en un rol social equivalente a la esclavitud. Equivocamos el concepto de que el Matriarcado es una sociedad gobernada por mujeres, en las que ellas ejercen el poder; Hasta identificamos el Matriarcado con los mitos de las Amazonas y Valquirias, mujeres guerreras y temibles.
El Patriarcado está fundamentado en el “Poder”, no importa de qué género estemos hablando. Es una sociedad basada en las relaciones de poder, no sólo entre seres humanos, también con el entorno, con la Naturaleza, con todos los seres vivos, con todas las riquezas y valores materiales. Su predominio es la acumulación, la lucha por obtener y ocupar ganancias y espacios de poder. Por ende, siempre necesita de relaciones asimétricas, de luchas para obtener las metas, de relaciones verticales y piramidales, de la lucha y la competencia como sistema para sobrevivir. Necesita de la depredación y de la carencia de unos, para la acumulación de otros. Valgo y existo si poseo, cuanto más poseo más valioso y potente soy. El protector, el “Padre” es poderoso y temido. El dador y el castigador. Para ser beneficiado por su protección requiere a cambio de obediencia y sumisión. Los mensajes de los medios en todas sus formas, nos transmiten y programan para que exista un héroe o heroína, un salvador. Nos inundan de imágenes de lucha y violencia. Dónde existe alguien que tiene que ejercer el poder y el control. Nos llenan de miedos y de la necesidad de un protector para sentirnos seguros. Permanentemente transmiten inseguridad y el mensaje de que la seguridad viene sólo a través del ejercicio del poder y del control de una fuerza humana o divina superior que someta, mate, castigue. Lo que se realiza desde hace milenios, pero que nunca ha solucionado los problemas, ni pacificado la sociedad.
Muchos historiadores, antropólogos y sociólogos, sostienen que las guerras y la competencia por los recursos, han sido los impulsores del desarrollo de la humanidad, lo que también resulta en un buen discurso para sostenerlas y justificarlas. No creo que sea posible modificar la injusticia, la falta de solidaridad, de amor, el hambre, la pobreza, la violencia, con los mismos instrumentos que sostienen este sistema patriarcal. Se ha planteado que el patriarcado no puede ser transformado, que es una utopía irrealizable, y ésta justamente, es una de sus herramientas de subsistencia. La otra y mucho más poderosa es hacernos creer que el sistema Patriarcal es algo de afuera de nosotros, un enemigo externo que debemos combatir, el Sistema Patriarcal está dentro de cada uno de nosotros y el más eficaz de todos sus mecanismos de subsistencia es su invisibilidad: está presente en cada acto, pensamiento y manera de vivenciar nuestras emociones, está presente en la Educación, en la Salud, en la sexualidad, en la manera en que obtenemos nuestro sustento, en cómo nos relacionamos con la Naturaleza, en el deporte, etc., es omnipresente e invisible y este es su gran poder.

Entonces ¿Qué es el Matriarcado?
Es una sociedad basada en los principios de Solidaridad, Inclusión, Equidad, no a través del dominio y el control. El poder si lo podríamos denominar con ese término, está sostenido en la eficacia que se obtiene a través de relaciones solidarias, complementarias; entre seres humanos, su entorno, la Naturaleza, la Vida. En dónde todos nos potenciamos, y “nada ni nadie es depredado”. Es un sistema que ni siquiera lo podríamos denominar horizontal, la mejor descripción es que es un sistema circular, en el que las partes se identifican con el Todo y el Todo son las partes. Se basa en la complementariedad, no en la competencia. En el crecimiento mutuo, el beneficio y el bienestar colectivo. Es inclusivo, no expulsivo. Rinde culto a la fertilidad, a la nutrición, a la creatividad; y no al poder y la competencia. El matriarcado requiere consenso, el acuerdo de todos los integrantes de una sociedad, no por la fuerza o por el ejercicio de la Ley, sino como una forma natural de funcionamiento de un sistema.
No hay dudas de que la humanidad está pasando por un período crítico en su evolución. El Patriarcado se resiste con todas sus fuerzas a su transformación, y posiblemente no dudaría mucho en llevarse puesta a toda la humanidad antes que aceptar el cambio. El Matriarcado es sinónimo de receptividad en lugar de dominio y control, y esto es terriblemente temido por el Sistema Patriarcal. Por ende, también por el sistema de creencias que llevamos dentro, tanto hombres como mujeres. La única posibilidad de construir un sistema social justo, equitativo, y realmente libre (palabra muy mal utilizada y vaciada de sentido hoy en día) es a través de la transformación de nuestro estado conciencial. Y esto comienza con la concientización de los mandatos y creencias patriarcales que tenemos internalizadas, y que gobiernan nuestra cotidianidad. Entender que el problema está dentro nuestro y es posible transformarlo. Ninguna violencia podrá ser erradicada si no erradicamos de nuestro interior ese hombre gris temeroso del Amor.
LECTURAS RECOMENDADAS
“Gaia la tierra viviente / El itinerario de la conciencia del caos al cosmos” Elisabet Sahtouris, Editorial Planeta Nueva Conciencia, 1994.
“El Cáliz y la Espada / De las diosas a los dioses: culturas pre-patriarcales” Eisler Riane, Editorial Capitán Swing, 2021.