LA HISTORIA QUE NO NOS CONTARON (2da parte)

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POR CARLOS BOGOSSIAN

La masacre transerrana que marcó la historia del siglo XIX en Argentina.

(Viene del número anterior…) Con el Ejército a cuestas volvieron a Córdoba, donde Bustos se apoderó del gobierno de la provincia contra la posición de Paz y otros militares. Paz intentó derrocar a Bustos, pero fue obligado a retirarse a Santiago del Estero, donde permaneció dos años fuera de la política. En 1823 viajó a la provincia de Catamarca para instruir a doscientos soldados, a los que denominó Batallón de Cazadores, para participar en la última campaña al Alto Perú. La Argentina debió emprender la llamada Guerra del Brasil o Guerra argentino-brasileña (conocida usualmente en Brasil como Guerra da Cisplatina) para liberar a la Provincia Oriental y a las Misiones Orientales, ocupadas por los lusobrasileños desde la derrota de José Artigas, que resultaba completa desde la batalla de Tacuarembó de 1820. El conflicto militar de toda la Argentina con el Brasil se inició abiertamente en 1825 y concluyó desventajosamente -pese a las victorias argentinas- en 1828. Incorporado al Ejército Republicano con las tropas que había formado para la inútil campaña del Alto Perú, fue puesto al frente de las mismas, ya oficialmente llamadas Regimiento de Cazadores. Participó en la Batalla de Ituzaingó, donde la mayor parte de su cuerpo fue diezmado; aun así tuvo una participación importante con sólo un centenar de hombres, por lo que fue ascendido al grado de General por disposición del General Carlos María de Alvear. Cuando este se retiró del Ejército en campaña, le hizo entrega interinamente del mando del Ejército Nacional y es nombrado Jefe del Estado Mayor General, pasando a ser el primer Comandante General de carrera en Argentina. Luego de firmada la paz con Brasil, Paz regresó a Buenos Aires, donde el general Juan Lavalle -que acababa de derrocar al gobernador legal Manuel Dorrego- lo nombró su Ministro de Guerra, pero se dedicó a formar un ejército que lucharía contra los caudillos del interior. Paz, de carácter independiente, se separó de Lavalle y decidió unirse a los unitarios para atacar al líder de los federales del interior, el General Bustos, que aún gobernaba Córdoba. Se puso en marcha contra su ex camarada Bustos, avanzando sobre Córdoba con una fuerza de veteranos de la Guerra del Brasil, reclutas y sobrevivientes de la derrota unitaria de Puente de Márquez. Bustos se retiró al valle de San Roque (actual Lago San Roque), donde fue derrotado por Paz el 22 de abril de 1829. Paz asumió como Gobernador delegado por Bustos, pero Bustos pidió ayuda a Facundo Quiroga, quien acudió en su auxilio. Sin embargo, estos fueron derrotados en la batalla de La Tablada los días 22 y 23 de junio de 1829. Después de la batalla, comenzaron a verse algunos detalles de aplicación de medidas de terror y escarmiento como cuando sus experimentados oficiales fusilaron a varios oficiales prisioneros. Fueron fusilados por orden del coronel Dehesa, jefe de estado mayor 23 oficiales y 120 soldados de Quiroga que habían caído en poder de los vencedores. “Se hace formar a los prisioneros en filas sucesivas, de a uno, y un sargento enumera de derecha a izquierda. Cuando llega a cada quinto hombre, le ordena que dé un paso adelante. De ese modo se apartan ciento veinte hombres, se les conduce hasta el borde de una zanja y se les fusila”.

Traslasierra Insurreccionada

El panorama que recibe Paz ni bien se apodera del gobierno de Córdoba, es que buena parte de la población cordobesa, fundamentalmente la campaña le era contraria, con un fuerte rechazo a su persona y a sus planes enmarcados en el unitarismo; en ese ambiente hostil se destacaba nuestro oeste, que además tenía el plus estratégico de limitar con los reductos federales de La Rioja y San Luis. De esta situación el general deja sus impresiones en sus “Memorias”: “Los semblantes de todos los pocos habitantes que encontrábamos –dice– nos manifestaban bien a las claras que no acogían bien nuestra llegada, y su taciturnidad parecía presagio de una sublevación en masa. Había pasado casi un día que estábamos cerca de la capital y que el camino estaba libre, y un solo hombre, una sola carta, una noticia de cualquier clase, no se había aproximado a nosotros.” (General Paz. Memorias póstumas – A. García Mellid) El por entonces dueño de la suma del poder en la provincia de Córdoba, durante meses dedicó un denodado esfuerzo por apaciguar a los rebeldes curatos transerranos, envió un sin número de partidas, cada vez más importantes, pero siempre con el mismo resultado; volvían derrotadas y con la noticia, de que la zona seguía rebelada, aún peor que antes de los envíos. Sobre esta situación le indicaba en una misiva el Coronel Hilarión Plaza Comandante General de la Frontera del Oeste al General José María Paz: “La sierra se halla enteramente sublevada, raro es el hombre que se encuentre en su casa, porque todos están con los vándalos. En mi juicio es preciso, para contener este mal, el que V.E destine fuertes divisiones, que obran todas en combinación, porque siendo la única que está a mis órdenes que puede perseguirlos, ellos se retiran cuando les conviene y dejan burladas mis esperanzas”. Ante este panorama Paz decide actuar y terminar con el temor y el nerviosismo que le entregaba día a día la retaguardia sublevada de la provincia bajo sus órdenes.

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