ESTAMOS MURIENDO
POR ANDRES PERALTA
Nuestras células mueren por millones día a día y se generan nuevas también, llevadas por corrientes energéticas y tejidos invisibles a corporizar la forma.
Estas redes se tejen y destejen con los pensamientos, sentimientos e intenciones, mías, de mi entorno, de mi alimento físico y espiritual, de mis genes, de mis aspiraciones y debilidades, de la trama cósmica que se enreda con la mía, con la nube y la montaña que me rodea.
Cuando sufrimos una fractura ósea, por ejemplo, un grupo de células llamadas osteoblastos comienzan a regenerar el hueso aunque en forma “desordenada” llamado callo óseo. Luego intervienen los osteoclastos para “tallarlo” reabsorviendo hueso para ir recuperando su forma y función. Ambas parecen funciones antagónicas aunque sumamente necesarias.
Por lo tanto, todo esto es un juego de fuerzas creadoras-destructoras, padre-madre de la vida. Estos átomos y las partículas que lo componen, este polvo de estrellas, viene de Sirio quizás, juegan un rato en mí y se hacen viento.
Estamos destinados a un renacer incesante, y para ello, necesitamos morir para nacer a lo nuevo. Sobre todo aprender a morir a lo que ya no soy. Esto es quizás lo que mas nos cuesta, abrazar el cambio sin apego a lo que vengo haciendo, ni ansiedad de lo nuevo que está apareciendo. Esto es mas fácil cuando me voy identificando menos con el hacer y mas con el Ser.