LA HISTORIA QUE NO NOS CONTARON (1ra parte)
POR CARLOS BOGOSSIAN
La masacre transerrana que marcó la historia del siglo XIX en Argentina.
Derrotado el brigadier General Bustos en San Roque, el 22 de abril de 1829, se generalizó la insurrección contra José María Paz en todo el territorio provincial y las guerrillas federales fundamentalmente en nuestro oeste no dieron tregua a las partidas pazistas. Se sucedieron los fusilamientos y Paz obtuvo, por parte de la legislatura, facultades extraordinarias en agosto de 1829, librándole las manos para materializar la campaña más sangrienta del siglo en Córdoba y el inicio del terror sistemático en la Argentina y sus guerras civiles. Los unitarios justificaban el terror por la necesidad de mantenerse contra una población hostil, que en el caso de Traslasierra, venía marcando claramente su fuerte acervo federal y su profundo rechazo a las fuerzas federales enviadas desde Córdoba. Pese al envío de distintas unidades y de algunos de sus más experimentados jefes, el oeste cordobés seguía en rebelión contra el nuevo orden instalado en la provincia tras La Tablada . El mismo Paz dejó bien en claro en sus memorias la valiente resistencia transerrana de gauchos montoneros, con poca experiencia en batalla pero sobrados de coraje y pasión por su causa contra las experimentadas tropas que habían pasado en muchos casos por las batallas de la independencia y hasta la guerra con el Brasil. Paz el General, el estratega experimentado, rápidamente entendió que sus victorias y su poder estarían amenazados y en riesgo siempre que en su retaguardia estuvieran vivas las fuerzas federales y el fantasma de Facundo. En nuestro valle, no había fantasmas, había una región insurreccionada y en pie de guerra para defender una causa, aun ante el terror y la superioridad enemiga.
General José María Paz
Paz nació hijo de criollos; su padre fue José Paz y su madre Tiburcia Haedo. En 1804 ingresó como interno en el Seminario de Loreto, donde cursó Filosofía y Teología, para luego ingresar en la Universidad de Córdoba, así terminando su formación como bachiller de artes, con orientación a las matemáticas, el latín y la jurisprudencia. Esta juventud de estudio y vida intelectual seguramente lo marcó para siempre y le dio un perfil ciertamente diferente al de otros hombres importantes en el convulsionado y violento siglo XIX. Cuando estalló la Revolución de Mayo, al igual que muchos jóvenes de su época, abandonó los estudios para ingresar en su caso al Ejército del Norte. Allí formó parte de las tropas del general Manuel Belgrano en las batallas de Tucumán y Salta, obteniendo la insignia de «los defensores de la Patria», condecoración otorgada por el Segundo Triunvirato, y por ello fue ascendido al rango de Capitán. Participó en las batallas y derrotas de Vilcapugio y Ayohuma, y en la de Venta y Media; en esta última Paz se encontró con una partida de realistas españoles que iniciaron fuego, hiriéndolo gravemente; desde ese momento el brazo derecho de Paz quedó inutilizado de por vida. De allí su apodo “El Manco”. Luego en 1814, el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón, lo nombró al frente de los batallones de Dragones de la Patria, ascendiéndolo a Coronel. En 1817, el Coronel Paz fue enviado por el Directorio porteño a luchar a las órdenes de Juan Bautista Bustos contra Estanislao López, caudillo santafesino y jefe de las fuerzas federales al oeste del río Paraná, en la batalla de La Herradura (Córdoba), donde López venció a Paz y a Bustos. El Directorio de Pueyrredón ordenó a todos los ejércitos nacionales que hicieran deponer las armas a los federales. Hacia tal objetivo se dirigía el Ejército del Norte cuando, el 8 de enero de 1820, en las cercanías de la entonces posta de Arequito, el general Juan Bautista Bustos, acompañado por los coroneles Alejandro Heredia y José María Paz, sublevaron a una parte importante del ejército que volvía a Buenos Aires. Querían en principio mantenerse apartados de la guerra civil y terminar el proceso de independencia y lucha contra los realistas.