POR CECILIA SUSTERSIC

La intervención deliberada en los sistemas climáticos terrestres es una realidad que afecta nuestras vidas mucho más de lo que la mayoría de las personas en el mundo sabe o imagina. Llamada por la ciencia que la promueve como geoingeniería o ingeniería del clima, es considerada por quienes intentamos detenerla el experimento global en acción más destructivo para la vida de la Tierra.

Desde fines del siglo XIX, científicos deseosos de controlar los eventos del tiempo atmosférico descubrieron métodos que podían afectar las condiciones de las tormentas y en ciento treinta años ha habido avances extraordinarios en la invención y experimentación de un amplio espectro de tecnologías, cada vez más sofisticadas y nocivas, para la manipulación deliberada de todos los fenómenos del clima y su regulación natural. Es así como, a partir de la segunda guerra mundial, estos experimentos se fueron desarrollando en programas encubiertos del complejo militar y corporativo de una oligarquía global, para el control geopolítico y financiero a escala planetaria y local. Nuestro hogar común padece la enfermedad de un siglo de juegos destructivos intencionales en sus sistemas vitales naturales y se siguen ejecutando -aquí y ahora- en nuestros cielos y biósfera.

La ejecución de semejantes proyectos de investigación -eufemismo al que recurren muchos científicos- fue posible gracias a que se cumplió una de las premisas fundamentales de cualquier estrategia bélica, experimentos poco éticos u oscuras operaciones financieras: la clandestinidad y fragmentación de la información. De hecho, para estas tecnologías no hubo ningún tipo de legislación, control ni consentimiento, y más aún, se han ido desarrollando al margen del conocimiento de los habitantes del mundo. Una perfecta estrategia de guerra y la mejor ocultada de la historia de la humanidad, que fue posible gracias a una muy fina ingeniería social. Si no fuese así, los hallazgos, las invenciones y los centenares de patentes registradas para manipular de forma intencional y a gran escala el clima planetario tendrían que ser conocidos por la mayoría de las personas y no solamente circular en las cumbres internacionales sobre el clima, en los parlamentos del mundo, en cónclaves de científicos o en informes poco divulgados. Siempre ha habido personajes que han tenido la ambición de controlar todas las dimensiones de la vida, no es novedad que existe parte de la sociedad científica que, bien financiada, se ha extralimitado en sus invenciones que nada de bueno aportan al bien común y el manejo de las fuerzas naturales no es la excepción. Justamente, porque es un tema tabú, se vuelve necesario ir a los orígenes y dar a conocer la larga historia de avances científicos en la ingeniería del clima.

La primera composición química registrada para modificar las condiciones atmosféricas data de 1891, cuando Louis Gathmann inscribe en el Registro de Patentes de los Estados Unidos, con el número 0462795, el “método para producir la caída de la lluvia”, donde se detalla que, mediante la liberación del gas de ácido carbónico licuificado en altas zonas de la atmósfera, se puede forzar una condensación y como consecuencia provocar lluvia. Treinta años después, se registra la patente 338343, que describe el proceso y el aparato para la producción de intensas nubes artificiales, nieblas o brumas, y en 1932 Walter Findeisen, interesado en la coagulación o coalescencia en distintos tipos de nubes, inició los estudios de diferenciación entre núcleos de condensación para la formación de gotitas de nubes y núcleos de congelación para la formación de cristales de nieve en las nubes. A partir de estos primeros descubrimientos, se crearon, registraron y experimentaron un centenar de patentes para el manejo de las condiciones atmosféricas.

Muchos países tuvieron a sus propios científicos hacedores de lluvia; en el caso de Argentina, el ingeniero entrerriano Juan Baigorri Velar fue conocido por inventar la máquina para hacer llover y en 1937 promocionó sus tecnologías en las provincias de Buenos Aires, Santiago del Estero y San Juan, que atravesaban una fuerte sequía. En este artículo voy a enfocarme, sin embargo, en los desarrollos de los Estados Unidos, porque es el país del cual más se ha filtrado información y que ha reconocido abiertamente la utilización del clima como arma de guerra; además, es la nación que encabeza los ataques de manipulación del clima y pulverización constante de componentes tóxicos, tanto sobre su propio territorio y población como sobre otros países.

(Continuará en próxima entrega).

Fragmento del Artículo La intervención de los Cielos, publicado en el Libro La Tiranía del Bien Común, Pandemia, Relato y Otras Amenazas, Gema Ediciones, 2023.

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