LA INTERVENCIÓN DE LOS CIELOS (2da parte)

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POR CECILIA SUSTERSIC

De todos los hitos de la evolución mundial de la geoingeniería, el suceso que, en una interacción comercial, militar y científica, marcó el inicio de una vertiginosa carrera de pruebas climáticas que no se detuvo jamás es el trabajo conjunto de Irving Langmuir, Bernard Vonnegut y Vincent Schaefer. Investigando para los laboratorios de General Electric en Schenectady (Nueva York) en 1946 descubrieron los procesos de formación de cristales de hielo en las nubes y que el yoduro de plata podía utilizarse para sembrar nubes y producir lluvia y nieve. Esas investigaciones inmediatamente dejaron de hacerse desde el ámbito privado corporativo y pasaron a efectuarse en coordinación con el Cuerpo de Señales del Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada de los Estados Unidos. Es así como en 1947 se dio inicio al llamado “Proyecto Cirrus”, que buscó debilitar los huracanes mediante la siembra de nubes con hielo seco. Los resultados fueron desastrosos y produjeron innumerables daños. Sin embargo, según los mismos actores, gracias a él se pudo reunir información estadística clave sobre los recursos hídricos en el cielo que posteriormente fue utilizada por entidades tanto gubernamentales como privadas. De acuerdo con lo que se informa en el “Proyecto Skywater” (1961-1988) por parte de la Agencia de Reclamación de los Estados Unidos, vinculada al Ministerio del Interior, para ingenierizar “los ríos del cielo” ese gobierno se enfocó no sólo en la importancia de las vastas reservas de agua subterránea del país, sino también en el agua de la atmósfera como un bien común, por lo que en 1953 creó un Comité Asesor sobre Control del Clima que pudiera evaluar la enorme cantidad de datos generados por experimentos de modificación del clima.

Kristine Harper, especialista en la historia de las ciencias de la tierra, meteoróloga, oceanógrafa y educadora científica de la Universidad de Copenhague, explica que una vez terminada la segunda guerra mundial, John Von Neumann, una de las mentes brillantes del “Proyecto Manhattan”, matemático, ingeniero químico, creador de los sistemas complejos de los ordenadores actuales, puso en marcha máquinas -que se habían usado para fabricar la bomba atómica- capaces de predecir el clima y entender los fenómenos atmosféricos. La autora, quien ha investigado extensamente sobre los experimentos climáticos de posguerra, narra que el ejército estadounidense se quedó fascinado con la idea de que podían tener la meteorología que quisieran y cuando quisieran, en cualquier circunstancia. Pensaron: “¡Vaya! Si hay tanques enemigos en una zona, podemos hacer que el suelo se enfangue para que se atasquen; si queremos que en algún lugar no haya comida suficiente, podemos provocar una sequía y acabar con sus cosechas; si queremos que los aviones despeguen cuando hay niebla, podemos eliminarla; para inmovilizar la aviación enemiga, podemos hacer que la niebla cubra su aeródromo, y lo mejor de todo es que nadie podrá acusarnos de nada, porque no es como las armas nucleares, que dejan radiaciones en el aire, cuyo origen puede rastrearse. Esto nadie puede probarlo”.

Mientras continuamos desarrollando en breves capítulos, la historia de la Geo Guerra silenciosa de la Modificación del clima, compartimos la Petición de comunidades afectadas ante la sequía inducida, que en estos días estamos presentando con las organizaciones firmantes, ante diferentes estamentos gubernamentales:

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