POR SOFIA NAZHA

En este Equinoccio, un momento propicio para la introspección, invito a la comunidad a reflexionar sobre la dinámica de dar y recibir en nuestras relaciones, a la luz del tercer orden del amor de Bert Hellinger. Este principio resalta que el amor florece en la reciprocidad y es fundamental ocupar el lugar que nos corresponde en nuestros vínculos familiares.

A menudo, cargamos con el deseo de “salvar” a otros, especialmente a nuestros padres, lo que puede crear vínculos desiguales que perturban el equilibrio. Colocarse en el lugar del padre, por lealtad o deber, genera desorden y dificulta la conexión auténtica. El amor debe fluir en un intercambio constante, donde cada uno pueda ofrecer y recibir.

La pertenencia es el primer orden que nos une, y reconocer a nuestros ancestros es esencial para integrar su legado y fluir con la vida. Al reflexionar sobre nuestras relaciones, podemos identificar desequilibrios que requieren empatía y compasión para sanar.

Es crucial entender que dar en exceso, sin recibir, puede llevar a la desvalorización y romper lazos. Debemos buscar un intercambio saludable donde el amor y el apoyo se mantengan en equilibrio, permitiendo que nuestras relaciones prosperen.

Este equinoccio nos brinda la oportunidad de ser nuestra mejor versión, en armonía con los demás, y encontrar el equilibrio que nos une en este hermoso ciclo de vida y aprendizaje.

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