POR ERNESTO GABRIEL GUEVARA

En un mundo cada vez más individualista, donde se alimenta lo superficial, los vínculos virtuales y la violencia, es un desafío y una necesidad buscar adentro y desde ahí construir salud con otros. Buscar adentro de uno mismo, pero también buscar adentro de los barrios, los parajes rurales, los pueblos, un diálogo de saberes, reconocernos en esa diversidad y organizarnos para una vida más sana en la comunidad. Una interacción que vaya más allá de la red social y el WhatsApp: mirarse a los ojos, compartir un mate, charlar sobre ideas y sueños; que al llevarlas a la acción movilicen emociones, despierten sonrisas y abrazos. Jugar al fútbol, bingos, fiestas, merenderos, talleres de oficio y arte, espacios para adultos mayores, organizarnos por el agua, por el monte, frente al fuego y miles de propuestas más que hacen encontrarnos y traccionar políticas para la comunidad hacia cómo queremos vivir y cuidar la salud. Seguramente así estaremos más cerca de desviar el eje y los recursos (hoy centrados en la enfermedad y sus espacios institucionales) hacía un “promocionar una vida más saludable en la comunidad”. Con un trabajo sostenido e intencionado, de intercambio entre lo preestablecido y las nuevas ideas, entre las autoridades institucionales y los delegados o promotores comunitarios de organizaciones territoriales (y no desde algún escritorio de una gran ciudad) lograremos una vida más sana.

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